Latidos nuevamente susurran mi corazón. Latidos fuertes, intrépidos, desconocidos, desconcertantes... Pulsaciones indolentes que me arrebatan los sentidos, los halan hacia lo imposible y vuelven a comenzar… uno, dos, tres latidos martillan con mucha fuerza, desenfrenados suspiros, trillones de pensamientos, mares de canciones, ventiscas de poemas, deslumbrantes días para amarte, y el resto de mi ser para soñarte… Un caos que comprime como si los acordeones tocaran su última melodía, tal vez la última para amar de verdad, tal vez la penúltima para desear, tal vez la primera para comenzar, que después de la muerte y perder el corazón en un barranco, los latidos empiezan más y más fuertes como si quisieran despedazar esta pequeña existencia que sostiene el frágil cuerpo que se derrama y se construye con solo ver tu mirada profunda, y tus labios únicos e inalcanzables… Latidos y más latidos, no quiero sentirlos más… mi corazón va a estallar, se sale del cuerpo, se ensancha, es grande, no lo puedo denter.... se me escapa... apaga de una vez por todas tu sutil melodía que me engulle, me quema, me arde, duele, no… es placentera, es dulce, es cálida… Cuánto me gusta… quédate una madrugada más y hagamos del amor un rio que une dos fronteras inseparables…
En un mundo surreal, sólo existen fantasías, invenciones, imaginarios y muchas ficciones...
sábado, 30 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
AL FIN... SIBILA
Un amante se escapa. Ella lo lanza por el abismo del castillo Montreal, su guarida de amor. Después de amarlo, que no fue tan mágico, al menos como lo habría imaginado, le regala una rosa blanca que lanza al despeñadero en honor a su cobarde muerte. Sus ojos negros todavía la miran en las noches, pero Ella, despreocupada y vacía, mira hacia el frente, pues no vale la pena detenerse en un episodio fatídico, tan lúgubre y falto de magia.
Sibila enamorada, camina por los corredores del castillo buscando una señal, una pista que le indique la senda correcta de aquel enmarañado laberinto. Los pasillos la llevan a la Aldea Verde y le recuerdan el momento, el lugar, y el aire que respira. Es el mismo que se respiraba en el siglo XVIII, y el mismo que respirará cuando el hálito último de la creación sea extirpada.
Pero la valerosa princesa no se da por vencida. Ella es fuerte, valiente; llena de inocencia y de vida. Está desbordada de amor, de ilusiones, de sueños y mentiras que aún quiere creer. Sibila camina con los pies desnudos por las calles de la ciudad furiosa que la acoge con sublime malicia, pues quiere extasiarla, pulirla, bajarla del cielo al que a veces sube, y mostrarle que aquí abajo en la tierra, también puede ser un ángel, aún cuando las grises tormentas quieren arrasarla.
- No quiero amar más, estoy agotada! -exhaló con rabia-.
Una vieja con el ojo tuerto la mira por la ventana, la imagen traslúcida y ficticia entre polvo y telarañas, le refleja la imagen de una muchachita de 12 años que llora, tiene rabia, que no es más que una vulgar tristeza, de las que se reflejan en este pozo al que hemos caído, en que vivimos y morimos, amamos y reproducimos la réplica de nuestras almas y de nuestra existencia que se extingue con la llegada de cada noche.
La vieja sonríe y se burla mientras acaricia su gato. El felino la observa con esos, sus profundos ojos amarillos, luminosos como el sol, perversos y calculadores. Sibila contempla y se hunde en aquella mirada que pareciera que le hablara. Su mirada, honda como el mar, incomprensible, desconcertante y misteriosa, la engulle en un solo chasquido. La mirada en forma de interrogante, pareciera que le cantara al oído…
- Princesa… Princesa…. -nuevamente- princesa…
Aquellos ojos profundos la devoraban… Que decían? Qué pensaban? Qué escondían? Ella, quería saberlo, Ella y solo Ella recibía el mensaje que buscaba… Llegó muy pronto -pensó-, los misterios del Universo se presentan inesperados, confusos y sorpresivos… Así que Ella, la Sibila de los cuentos angelicales y los demonios color rojo, caminó, regresó, y recordó aquellos ojos color amarillo que la veían con ternura y un poco de miedo. Pareciera que se mirase a sí misma, en el reflejo de sus deseos perdidos, sus decepciones fugaces, sus mentiras de colores… Ella se miraba en aquel indefenso felino que maullaba, su dolor…
Entonces, Sibila acostada en su cama, comienza su viaje. Bebía y engullía aquel líquido fétido, mientras recordaba el pasado, en que lanzaba sus amantes hacia el vacío, y los veía exhalar las últimas agonías y desesperanzas… La princesa se retorcía, mientras cantaba desconsolada la fugaz existencia de su vida pasajera, llena de curiosidades y preguntas sin respuesta...
Sus ojos se perdían con las pulsaciones del corazón, que se marchitaban como las flores en otoño. El rojo de sus labios se desdibujaba con un triste y vagabundo pálido que le coloreaba el rostro… Las manos temblorosas se detenían al son de la gaita celta… Expedía su último aliento, mientras sentía como su cuerpo levitaba en el no tiempo. Aquella noche triste, Sibila moría… Tal vez retornar a la muerte sería el regreso a una nueva vida…
viernes, 22 de julio de 2011
MI TUL
Sí… los espíritus regresaban
yo les miraba por la ventana
me observaban sigilosos y justicieros
pero también, derretían el tiempo y las culpas…
Los espíritus que yo veía se vestían de rojo,
con mantos largos y traslúcidos,
veía sus huesos, sus carnes frescas,
su sed, y su desenfreno…
Allí, donde el reloj se rompía…
aparecías tras los espíritus protectores que te dejaban en el pasillo,
y miraban y probaban a ver qué hacías…
mientras ellos seguían mirando…
Yo que no le contendría un solo segundo más,
preferí mirar con ternura y desvelo,
como mi pecho seguía desnudándose en pétalos rosas,
y mi tul se caía en la noche tenue y oscura…
Yo puedo sanarte, le dije,
tendrás que venir y quemarte conmigo,
este fuego no se consume esta noche, ni la otra,
tal vez no lo sepamos, pero por qué no lo intentas?
quiero abrazarte en la penumbra,
es solo mi cuerpo… y mi sombra…
martes, 28 de junio de 2011
UN TRAGO EN VILA VELHA
En la ciudad de Vila Velha, en el estado del Espíritu Santo, Brasil; existe un pequeño bar ubicado al lado del Faro de Santa Luzia, entre la arena y el mar, las palmeras y la luna. Jhon, el mesero, es un hombre joven y vigoroso, de piel morena y cabello lizo, viste de blanco, para halagar la noche... Su sudor se mueve al calor de las copas y los bailes sensuales… aquella su vida, la vida nocturna que tanto ama. Alika, su mujer, ‘la más bella’ es una negra exuberante que procede de las Antillas holandesas. Tiene la piel azabache muy oscura, y adorna su exótica mirada con el largor de sus cabellos densos y negros… sus caderas que son como dos tambores, sin duda, son la sensación del bar, al que van de paso los extranjeros, los adictos al placer, los enamorados de la noche, los insaciables de las madrugadas color rojo, la samba, la bossa-nova y la caipirinha helada.
Aquella, era una noche exuberante en belleza y placeres. Alika bailaba, como era de costumbre para los visitantes de la arena. Al son de la Lambada, la negra movía sus caderas que resonaban con las pulseras que cubrían sus pies descalzos y la falda de boleros dorados que desnudaba la belleza de sus piernas fuertes y abundantes. Jhon, experto en el servicio, recibía calurosamente a sus clientes, que uno a uno ocupaban el lugar hasta que se abarrotaba de visitantes entre el baile, el licor y los excesos. El mesero, que era bien experimentado en las artes de las bebidas; sirvió aquella noche, entre otros tragos, tres botellas de tequila el Cabrito reposado para dos extranjeros de la arena en la mesa que lindaba con la tarima de su negra.
Los visitantes, que miraban con morbo el baile la exuberante mujer, pasaron desapercibidos a la vista de Jhon, quien servía amablemente los tragos. Inconsciente, a solo unos segundos de llegar a la mesa de los clientes, se resbalan las tres botellas de tequila, cayendo con fuerza a los pies de los visitantes que observan cómo se quebraban en pedazos los costosos vidrios del apetecido trago. El visitante de barba, observa enojado mientras se retira con Jhon… y tomando del cuello al miserable mesero, forcejea con la navaja oxidada mientras lo encierra en el baño de hombres. Apunta con su revólver 44 Magnum, le mira con desprecio y le ordena que se arrodille y pida perdón... Jhon, que era un hombre de principios, recuerda su pequeña niña de 3 años, piensa en su mujer… mientras suplica con nobleza y a gritos de su alma que perdone su vida por la detestable ofensa.
Completada la humillación, escapa el mesero, sudando y jadeando del baño, con las lágrimas sollozantes por su vida que pudo haberse esfumado en solo unos segundos. Mientras termina de sonar la bellísima Lambada, busca su negra que no estaba en la tarima, ni en el corredor, ni en la barra de bebidas… El hombre humillado, encuentra su negra en el piso, con la ropa desgarrada, mientras el extranjero corre al auto, junto a su cómplice de la barba entrapada. Alika fallecía en el piso, mientras se desangraba con un disparo en las entrañas…
jueves, 23 de junio de 2011
CARTA
Para: El destinatario enmascarado.
Asunto: For Me This Is Heaven.
Esa mañana pensaba,
¿Qué es el cielo para mí?
A veces me acercas al cielo, con tu mano lumínica me subes hasta el éxtasis. Y lo he alcanzado, te juro que lo he alcanzado. He volado sin alas, he soñado sin cerrar los ojos, he sentido tus caricias sin que toques mi cuerpo. Este es el cielo que se traslada aquí a mi lado, y me mira, te juro que me mira. Yo… al rato, me entrecruzo con tu mirada vaga, triste y solitaria… ella me observa desde tu escritorio y se choca con mi cuerpo en la misma postura…
No es el final, en el cielo, no existe el final… Un día te lo dije… el amor eterno, la juventud eterna, la belleza eterna… Eso es lo que somos, y allí hemos de volver, te lo juro que volveremos, si me das tiempo… te lo pido, dame tiempo… necesito que mis alas rosadas se expandan, y mi cuerpo se vuelva de porcelana. Así te podré llevar abrazado en mis piernas, allí podrás descansar, estoy segura que allí lo harás… Te lo pido… solo dame unos segundos, unos minutos… Ya hice la apuesta, y no la pienso regresar...
Déjame desearte como siempre lo hago, y no guardes silencio con la boca entrecortada… déjame ser tu amante de las letras, no pido más nada, ni siquiera tu cuerpo que tanto me enloquece, ni siquiera esa, tu adictiva compañía que tanto me agrada en las madrugadas… Solo ríndete, pues yo lo he hecho…
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Carta,
Para mí esto es el cielo
martes, 21 de junio de 2011
à Paris...
Esa tarde llegué a Paris,
Con las gafas de sol y el vestido de flores.
Hacía mucho calor, el verano además de ser sofocante,
Encendía las más ardorosas pasiones…
Allí me esperabas en la terraza del viejo restaurante ‘Du Pont’,
donde siempre quedábamos de encontrarnos,
en la tradicional calle de la Rue de la Rose.
Yo, caminaba con mis tacones de caza,
mientras mirabas como me acercaba a ti,
y tomabas a sorbos ese amargo café que tanto detestaba,
pero bueno, así te gustaba… y a mí me gustaba…
Como era costumbre… callábamos un rato, como tontos,
mientras pensábamos en el tema de conversación más apropiado…
Yo sentía que me mirabas el pecho y las piernas que sudaban con la caminada,
y cuando encontraba tu mirada, la esquivabas como siempre,
y decías que te encantaba el cielo de Paris…
Esa tarde, antes que hablara del cielo y lo hermoso que se escondía el sol en las nubes,
le agrarré desprevenido, y le dije lo mucho que me gustaba esa barba que subía desde la nuca hasta sus mejillas…
Ellas, abrazaban su rostro y me hacían cosquillas cuando me acariciaba…
Pero esa tarde era especial, algo mágica…
el cielo realmente era azul,
y el solsticio de verano nos abrazaba calurosamente,
en la penumbra, casi de la noche, decidí terminar el jugueteo…
Las consecuencias eran graves, pero ya no soportaba un momento más sin dormir,
teniendo que ir a la cama a encontrarme con su cuerpo acariciándome,
tratando de conciliar el sueño…
Lo embriagué como nunca, le di a beber el vino tinto de mis labios,
lo esposé a mi cuerpo, lo retuve... no podría escapar…
Le amé en la oscuridad, y le mostré mi verdadero rostro…
Él… después de tragar, un poco embotado…
Me miró con cara de pánico, y salió huyendo…
Yo sonreía, y miraba como corría,
Sabía que regresaría en la madrugada…
jueves, 9 de junio de 2011
POEMA EN LA ESPALDA
Esa noche escribiste un poema en mi espalda… Lo leí en un espejo, mientras la tinta negra se adhería a piel, y sentía que se resecaba como el fuego, en medio de la penumbra.
Esa madrugada llegase a mi cama, y con tu lengua quitaste una a una las letras del poema, mientras lo borrabas, con los labios y la saliva.
No recuerdo sus formas, ni recuerdo su rostro, solo pienso en aquella madrugada en que desapareciste y supliqué, con vehemencia, que regresaras, y escribieras ese poema que tanto amaba.
Como sentiste que lo había olvidado, tomaste una fina y delgada cuchilla, y en medio del ensueño y la pasión, lo tallaste nuevamente en mi espalda, mientras dormía y sollozaba con tus manos en mi cuerpo.
Una nueva madrugada, el poema está listo, y tu cuerpo como siempre, ha partido en la penumbra, antes que un rayo de luz, clave mis ojos y descubran, esa tu obra que siempre llega con tu partida…
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