martes, 23 de agosto de 2011

MÁSCARAS

La sonrisa del niño es hermosa,
Y los ojos de perro azul, también.
El rostro de la anciana desconsolada,
y las caricias tiernas del recién nacido.
El heladero ofrece deliciosos helados,
de sabores y colores increíbles,
el me mira de reojo mientras me invita a tomar uno,
pero yo solo río y sigo caminando.
A la vuelta de la cuadra se acerca un hombre elegante,
frunce el ceño mientras habla por celular,
el anillo de oro brilla en su mano,
mientras la joven de al lado observa con curiosidad.
Ellos caminan, y se encuentran,
Sus miradas se aproximan,
mientras se desenvuelve la escena
pues al otro lado de la calle está la señora de las frutas,
su mirada es jugosa y tropical,
kiwis, fresas, maracuyá, piña, cuál será?
Pero hay una mirada que no comprendo,
la veo al fondo de la avenida principal,
la mujer de cabellos rubios y caderas anchas,
tiene ojos color miel… me envuelven y me roban a cada parpadeo,
pareciera que me llevaran al cielo.
Me estremezco, confío, creo en lo que veo,
una madre, una amiga, una hermana,
la mujer por quien suspiro, la admiro, es única, es Ella…
La mujer de mirada apacible se voltea,
y con una mueca mortífera,
vende mi alma al peor postor.

sábado, 20 de agosto de 2011

QUÉDATE CON LO QUE QUEDA


Mi vida se ha ido contigo,
mi alma se ha despedazado,
mi cuerpo me duele,
la fiebre aumenta,
la piel ahora se seca,
el espíritu se retuerce,
y grita fuertemente,
ayúdame a reparar este caos...

AYÚDAME A MORIR

Ayúdame a quitarme la vida,
dispénsame si te incomodo,
solo quiero cortar el hilo,
y aunque sea complicado y doloroso,
solo deseo que sea efectivo.
Prometo que no habrá mucha sangre,
y se quedará entre las sábanas,
ni malos olores, ni bullicios,
sin escombros, ni notas suicidas.
Solo ayúdame a desconectarme,
a quitar esta fatua existencia,
que me permita renacer en otro cuerpo,
que nos ayude, a que mis errores,
no te toquen nunca más…

domingo, 14 de agosto de 2011

LÁGRIMAS Y PUNZADAS


Vamos a volar…
Vamos a ser libres…
y cantar, y volar, y volar y ser libres…
Vamos, no renuncies a caminar a mi lado,
yo te libero, te suelto….

Pero suéltame
desplázate como Eurídice,
en silencio y taciturno,
no te pongas en mi sendero,
anda, vuela, quiero ver que vueles,
y déjame volar al cielo…

El mito de tu presencia es más fuerte y me desgarra
me consume como el fuego,
se hunde como piedra,
alumbra como luciérnaga,
y desaparece como estrella fugaz…

Pronto las lágrimas se secarán,
y volveré a tu lado por temor a alejarte más,
y seré ese mismo vaivén que se va y regresa con sonrisas,
se ahoga en el llanto, y renace en la súplica,
de tenerte de nuevo a mi lado…

sábado, 30 de julio de 2011

LATIDOS

Latidos nuevamente susurran mi corazón. Latidos fuertes, intrépidos, desconocidos, desconcertantes... Pulsaciones indolentes que me arrebatan los sentidos, los halan hacia lo imposible y vuelven a comenzar… uno, dos, tres latidos martillan con mucha fuerza, desenfrenados suspiros, trillones de pensamientos, mares de canciones, ventiscas de poemas, deslumbrantes días para amarte, y el resto de mi ser para soñarte… Un caos que comprime como si los acordeones tocaran su última melodía, tal vez la última para amar de verdad, tal vez la penúltima para desear, tal vez la primera para comenzar, que después de la muerte y perder el corazón en un barranco, los latidos empiezan más y más fuertes como si quisieran despedazar esta pequeña existencia que sostiene el frágil cuerpo que se derrama y se construye con solo ver tu mirada profunda, y tus labios únicos e inalcanzables…  Latidos y más latidos, no quiero sentirlos más… mi corazón va a estallar, se sale del cuerpo, se ensancha, es grande, no lo puedo denter.... se me escapa... apaga de una vez por todas tu sutil melodía que me engulle, me quema, me arde, duele, no… es placentera, es dulce, es cálida… Cuánto me gusta… quédate una madrugada más y hagamos del amor un rio que une dos fronteras inseparables…

domingo, 24 de julio de 2011

AL FIN... SIBILA

Un amante se escapa. Ella lo lanza por el abismo del castillo Montreal, su guarida de amor. Después de amarlo, que no fue tan mágico, al menos como lo habría imaginado, le regala una rosa blanca que lanza al despeñadero en honor a su cobarde muerte. Sus ojos negros todavía la miran en las noches, pero Ella, despreocupada y vacía, mira hacia el frente, pues no vale la pena detenerse en un episodio fatídico, tan lúgubre y falto de magia.

Sibila enamorada, camina por los corredores del castillo buscando una señal, una pista que le indique la senda correcta de aquel enmarañado laberinto. Los pasillos la llevan a la Aldea Verde y le recuerdan el momento, el lugar, y el aire que respira. Es el mismo que se respiraba en el siglo XVIII, y el mismo que respirará cuando el hálito último de la creación sea extirpada.

Pero la valerosa princesa no se da por vencida. Ella es fuerte, valiente; llena de inocencia y de vida. Está desbordada de amor, de ilusiones, de sueños y mentiras que aún quiere creer. Sibila camina con los pies desnudos por las calles de la ciudad furiosa que la acoge con sublime malicia, pues quiere extasiarla, pulirla, bajarla del cielo al que a veces sube, y mostrarle que aquí abajo en la tierra, también puede ser un ángel, aún cuando las grises tormentas quieren arrasarla.

-       No quiero amar más, estoy agotada! -exhaló con rabia-.

Una vieja con el ojo tuerto la mira por la ventana, la imagen traslúcida y ficticia entre polvo y telarañas, le refleja la imagen de una muchachita de 12 años que llora, tiene rabia, que no es más que una vulgar tristeza, de las que se reflejan en este pozo al que hemos caído, en que vivimos y morimos, amamos y reproducimos la réplica de nuestras almas y de nuestra existencia que se extingue con la llegada de cada noche.

La vieja sonríe y se burla mientras acaricia su gato. El felino la observa con esos, sus profundos ojos amarillos, luminosos como el sol, perversos y calculadores. Sibila contempla y se hunde en aquella mirada que pareciera que le hablara. Su mirada, honda como el mar, incomprensible, desconcertante y misteriosa, la engulle en un solo chasquido. La mirada en forma de interrogante, pareciera que le cantara al oído…

-       Princesa… Princesa…. -nuevamente- princesa…

Aquellos ojos profundos la devoraban… Que decían? Qué pensaban? Qué escondían? Ella, quería saberlo, Ella y solo Ella recibía el mensaje que buscaba… Llegó muy pronto -pensó-, los misterios del Universo se presentan inesperados, confusos y sorpresivos… Así que Ella, la Sibila de los cuentos angelicales y los demonios color rojo, caminó, regresó, y recordó aquellos ojos color amarillo que la veían con ternura y un poco de miedo. Pareciera que se mirase a sí misma, en el reflejo de sus deseos perdidos, sus decepciones fugaces, sus mentiras de colores… Ella se miraba en aquel indefenso felino que maullaba, su dolor…

Entonces, Sibila acostada en su cama, comienza su viaje. Bebía y engullía aquel líquido fétido, mientras recordaba el pasado, en que lanzaba sus amantes hacia el vacío, y los veía exhalar las últimas agonías y desesperanzas… La princesa se retorcía, mientras cantaba desconsolada la fugaz existencia de su vida pasajera, llena de curiosidades y preguntas sin respuesta...

Sus ojos se perdían con las pulsaciones del corazón, que se marchitaban como las flores en otoño. El rojo de sus labios se desdibujaba con un triste y vagabundo pálido que le coloreaba el rostro… Las manos temblorosas se detenían al son de la gaita celta… Expedía su último aliento, mientras sentía como su cuerpo levitaba en el no tiempo. Aquella noche triste, Sibila moría… Tal vez retornar a la muerte sería el regreso a una nueva vida…

viernes, 22 de julio de 2011

MI TUL

Sí… los espíritus regresaban
yo les miraba por la ventana
me observaban sigilosos y justicieros
pero también, derretían el tiempo y las culpas…

Los espíritus que yo veía se vestían de rojo,
con mantos largos y traslúcidos,
veía sus huesos, sus carnes frescas,
su sed, y su desenfreno…

Allí, donde el reloj se rompía…
aparecías tras los espíritus protectores que te dejaban en el pasillo,
y miraban y probaban a ver qué hacías…
mientras ellos seguían mirando…

Yo que no le contendría un solo segundo más,
preferí mirar con ternura y desvelo,
como mi pecho seguía desnudándose en pétalos rosas,
y mi tul se caía en la noche tenue y oscura…

Yo puedo sanarte, le dije,
tendrás que venir y quemarte conmigo,
este fuego no se consume esta noche, ni la otra,
tal vez no lo sepamos, pero por qué no lo intentas?
quiero abrazarte en la penumbra,
es solo mi cuerpo… y mi sombra…